APRENDER A ESCUCHAR AQUILINO POLAINO PDF

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Author:Meztitaur Fenrir
Country:Sri Lanka
Language:English (Spanish)
Genre:Health and Food
Published (Last):8 June 2010
Pages:306
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ISBN:986-5-74568-175-1
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Trabajo realizado por: CEU Biblioteca Todos los dere chos de propie da d industria l e inte le ct ual de los cont enidos perte ne c en al CEU o en su ca so, a t erc eras persona s. ISBN: Lo que no es escuchar. Facultad de Medicina. Planeta Testimonio. Hace bien Aquilino en publicar este libro porque si algo sabe es escuchar. Aunque, bien mirado, hay veces en que Aquilino se convierte en Torquemada en carne y hueso: cada vez que el juicio no se requiere sobre las personas sino sobre la cultura dominante y las modas extravagantes que destrozan a los seres humanos.

Lo he visto en consulta y en el estudio y experimenta una curiosidad paternal por cada uno que se le pone delante. Tienes entre tus manos, lector, el fruto de una carrera profesional de apertura a las mentes y los corazones.

El solo hecho de hablar conmueve muchas veces a quien habla. El discurso entonces se quiebra, mientras la angustia se asoma a su rostro. En este contexto, hasta el silencio —mejor, los silencios— es menester escucharlo.

Cuando en una entrevista se hace el silencio, el psiquiatra ha de aventurarse a atravesar el espesor o la delgadez de las capas que lo constituyen. El hilo del silencio teje en ocasiones capas densas y plomizas que resultan casi impenetrables. Cada una de ellas aporta un nuevo significado. Ha llegado el momento de apelar a la vista. Este hecho es tan frecuente que incluso ha dejado de sorprendernos. Observemos algunos ejemplos de lo que se acaba de afirmar.

Escuchar es una actividad tan natural y humana que no parece exagerado afirmar que lo llena todo. No basta, pues, con aprender a escuchar. En su pueblo natal y en los alrededores, es famoso el puesto de papas del que siempre sales feliz. Acoger lo que nos dice es aceptar su palabra y lo que ella significa. Pero no siempre se acoge lo que se escucha. Porque no siempre puede comprenderse lo que se escucha.

Este modo de proceder es, precisamente, la actitud propia de quienes no escuchan. Un poner imponer sobre la espalda del otro un cierto sentido. Pero esto es exactamente lo que no es escuchar. Nos desplazamos de una a otra ciudad, de un continente a otro, pero nos perdemos lo mejor, pues apenas si atendemos a quienes nos rodean. La verdad es que apenas si encontramos la paz que anhelan nuestros corazones.

Tengo todo el tiempo del mundo para ti; no hay prisas, yo quiero estar contigo. Te aseguro que intentarlo vale la pena. Sierra de Madrid, 24 de diciembre de Esa intimidad tiene necesidad de abrirse al otro, de expandirse, de comunicarse y de ser compartida con alguien. La intimidad de la persona propende a ser compartida.

La libertad tiene la llave que abre o cierra la puerta de la propia intimidad a los otros. La intimidad tiene necesidad de apertura. La intimidad no es autosuficiente. El propio ser se vive como algo relativamente insoportable. Pero las personas no pueden manifestar su intimidad si no disponen de alguien que las acoja.

Sin la comparecencia del otro, la intimidad de uno no puede manifestarse. El actor y el autor que se concitan en cada persona, exigen la presencia de un espectador. Quien habla lo hace persuadido de que hay alguien que le escucha. La gente se encuentra sola y no tiene quien le escuche. Las personas han de encontrarse consigo mismas, pero para ello es necesario dialogar. Tan imperiosa es la necesidad humana de hablar que, en ausencia del otro a quien dirigir su palabra, la persona no resiste su murmullo interior y se pone a hablar consigo misma.

Esto es lo que explica que las personas —cada vez con mayor frecuencia— hablen solas por las calles. Si alguien nos entiende entonces nos entendemos mejor a nosotros mismos y, por eso, decimos que nos hemos explicado. La escucha del otro contribuye a verificar la verdad de las explicaciones que nos hemos dado a nosotros mismos.

Si lo que escuchamos al otro no las confirman, entonces es que o no nos han entendido o no nos hemos explicado; pero, en cualquier caso, la duda y la incertidumbre permanecen.

Del hecho de que se tenga necesidad de hablar y compartir la 3 propia intimidad no se sigue que se opte por lo que la otra persona ha comprendido. No se puede vivir por encargo de otro. Pero sin escuchar tampoco. Su existencia se desvela como pura apertura, como una existencia sin barreras, permanente e irrestrictamente abierta hacia los otros y el futuro.

En la escucha es donde se manifiesta esa apertura. Es en la escucha del otro donde se prueba la certeza y autenticidad de ese ser-para-otro en que la persona consiste. Porque en ese caso, el ser-para-otro —la consistencia de quien escucha— es verificada en la experiencia del encuentro con el otro. Aprender a hablar Baltasar era un profesor que miraba a los ojos de sus alumnos mientras hablaba.

Su discurso buscaba el encuentro. Su palabra no era un hablar por hablar y mucho menos un discurso formal y estereotipado. Hablaba con sus palabras y sus gestos. Hablaba con todo su cuerpo y su alma. Eran preguntas que trataban de impactar y hacer diana en cada alumno, en un destinatario singular y concreto. El destino de su palabra era siempre una persona singular o la singularidad irrepetible de cada una de las personas que le escuchaban.

Baltasar trataba siempre de abrir su discurso. Pero una cosa era cierta. A veces, el discurso de Baltasar se espesaba y alcanzaba una mayor densidad. Pero es conveniente intentarlo y perseguirlo hasta darle alcance. Otra dificultad por la que los alumnos no escuchan o dejan de asistir a clase reside en los profesores.

Lo que no se acoge no se recibe y, por consiguiente, lo que se intentaba dar, no ha alcanzado su fin, no ha llegado realmente a darse. El don dado es de distinta naturaleza que el don de acogerlo, pero no necesariamente mayor. La escucha es el don de quien acoge. El don de quien habla es la palabra.

El don del donante exige el don de quien escucha. El don de la acogida hace posible el don del aprendizaje. Un encuentro gracias al cual ambos ganan y ninguno pierde. Polaino-Lorente, La una no se puede dar sin la otra. Es inevitable, tal vez por eso, que los errores en una de esas direcciones surta un efecto nocivo en la otra.

Dicho muy brevemente: los alumnos desmotivados desmotivan a sus profesores, y viceversa. Escuchar no es algo, por ejemplo, que se confunda con la costumbre hecha rutina de apoltronarse frente al televisor. Escuchar es ante todo estar pendiente de quien habla. Estar pendiente es una conducta activa que lleva a estar colgado del otro y de lo que el otro dice.

Estar pendiente del otro no es otra cosa que la permanencia del propio ser en un precario e inestable equilibrio, que necesita del otro para no caer. De esa escucha de-pende y pende su seguridad. La persona es el origen de la palabra. El fundamento de la escucha es el respeto, el respeto a la persona que habla.

Los sentimientos y las emociones se distinguen del pensamiento y del querer de la voluntad, pero la afectividad media las manifestaciones de estas funciones en el sujeto en que acontecen o se realizan. En tanto que disposiciones naturales, los afectos se configuran como pretensiones favorecedoras u obstaculizadoras del propio comportamiento.

Entre el pensamiento, la voluntad y los sentimientos hay un tupido e inextricable tejido hecho de sutiles hilos, de cuyo entrecruzamiento emergen las palabras y el discurso. Entre ellos hay, pues, relaciones muy variadas de suplencias, alternancias, contraposiciones, sustituciones, modulaciones, condicionamientos, mediaciones, sinergias, antagonismos, compensaciones, suplementariedades, etc. Lo inferior es casi siempre anterior a lo superior a que se subordina.

Porque ninguna persona puede ser abarcada por completo y mucho menos si se parte de paradigmas parciales, inevitablemente parciales, cualesquiera que fuere su naturaleza.

Ninguna persona es sabida en su totalidad por quien cree conocerla, pero en modo alguno la conoce. Lo abstracto no es lo singular. Ni nuestro temor es constante ni nuestro amor indefectible. Polaino Lorente, Pero sobre ese inicio se amontonan luego otros muchos y diversos factores.

Quien debiera escuchar no escucha. Con esto se aumenta el dolor del mundo, sin que ninguno de sus problemas encuentre alivio alguno.

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